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Amante de la lectura, los viajes, cine, series y una buena charla.

domingo, 22 de marzo de 2015

Modelos de hombre, que no hombres modelo...




Modelos de hombres, que no hombres modelo..


Queridos, queridas, mi disertación de hoy versa sobre esos seres que pululan en el planeta y que tantos quebraderos de cabeza nos suelen dar; y también, hay que reconocerlo, alguna que otra alegría y hasta gustirrinín. Hablo de:
HOMBRES, ESA FAUNA EXTRAÑA...

1. Tipo manitas

No queridas amigas, estáis muy equivocadas. No me refiero al típico hombre Mc Gyver, que puede hacer de todo con un chicle y una tirita. No, este tipo de hombre, utiliza sus manos para darnos placer, y  mucho..Es un hombre no demasiado refinado ni con mucha charla, pero en un momento de necesidad suprema, es lo  mejor que podemos encontrar..Sabe como utilizar sus dedos y dónde utilizarlos. Puede que no sea un manitas en la cocina, pero desde luego sabe como encender un horno..el nuestro. Y antes de caer en la vulgaridad, voy a seguir con el segundo tipo.




2. Tipo lingüista

Este hombre sabe mover su lengua como nadie, pero no penséis lo que no es. Su lengua solo la utiliza para decirnos cosas bellas, palabras bonitas y rimbonbantes que nos encienden, pero que el tipo no sabe apagar.
Es un poeta del amor, pero que a la hora de la verdad se nos arruga..vamos, una decepción que es mejor no encontrarnos. El típico mucho ruido y pocas nueces..




3. Tipo  olímpico

Chicas, desde ya, os digo que no os hagáis ilusiones. No me refiero al típico atleta capaz de las mayores proezas, o si, pero de unas proezas que no nos interesan lo más mínimo.
El solo piensa en ser plusmarquista mundial..y claro, a mi en según qué circunstancias no quiero a un tío tan rápido..El olímpico solo piensa en batir records. Cuanto más rápido mejor..Vamos, que para cuando yo me he quitado los tacones el tio ya ha terminado..y eso si que no..si quieres correr, te vas al estadio, no a mi casa..en mi cama se corre de otra forma..



4. Tipo fontanero

Hombre especializado en tapar cualquier escape y fuga de líquidos. Es muy frecuente utilizarlo como pañuelo cuando tenemos problemas. Le lloramos en el hombro que él nos cede amablemente, al igual que su pañuelo, pero su meta no queda solo en eso, para nada. El quiere taponar otro tipo de fugas..y oye, pues no lo hace mal. Nunca nos va a pedir nada que no le podamos dar y nosotras es mejor que no le tomemos demasiado cariño. Los fontaneros están muy solicitados y tener uno en propiedad es bastante complicado..Lo mejor con ellos: Usar y tirar.




5. Tipo caballero

Ni por un momento os hagáis a la idea que tenéis frente a vosotras al príncipe azul. Al decir caballero, no me refiero a que sea un hombre educado, que puede que sí, pero su acepción es mas bien dada por su querencia y habilidad a la monta.
Para él vosotras solo seréis otra yegua más de su cuadra. Os utilizará a conveniencia, que si es la misma conveniencia que vosotras necesitáis, puede ser una relación muy fructífera. Tiende a cuidar de lo que considera suyo, pero ya sabéis chicas, seguramente no seréis las únicas..Si no os importa compartir, este tipo os puede dar unos resultados excelentes..


viernes, 20 de marzo de 2015

Penny Dreadful o terror victoriano en estado puro


Esta semana toca crítica, de la mano de Paloma Muñoz, colaboradora de este blog, de una serie que os recomiendo encarecidamente. Sobre todo si os gusta el ambiente gótico y la buena "sociedad victoriana". Os dejo con ella. Disfrutádla!!







Cuando supe que iban a estrenar una serie norteamericana llamada “Penny Dreadful”, hace ya algún tiempo, recordé que ese título me resultada conocido.
¿Dónde lo había visto u oído? Sencillamente, no me acuerdo.
Pero sí recordaba que tenía algo que ver con ciertas publicaciones antiguas que contaban historias macabras y espeluznantes y que había mucha sangre, asesinatos y crímenes violentos a mogollón.
Después comencé a ver fotos e imágenes de la serie y de los personajes y me tiré como una loca a visionar trailers en el Youtube.
En fin, que cuando me quise dar cuenta de lo que sucedía, ya me había quedado absolutamente atrapada en las redes de este desparrame victoriano que no tenía desperdicio: las historias contadas y entrelazadas, las aventuras y desventuras de los personajes, la ambientación, la excelente fotografía, la música; todo aquello que tuviera que ver con esta originalísima y gratificante presentación de unos cuentos de terror y misterio ambientados en el Londres de finales del XIX, formaban un escalofriante retrato que casaba a la perfección con lo que yo defino como un deleite en estado puro.

Bueno, ya sabe la señora responsable de este blog literario que yo no puedo ser imparcial. No puedo. Y además no quiero.
Porque el sumergirme en ese Londres de 1891 y vivir con los personajes todo lo cruento, oscuro, secreto, misterioso, demoníaco, sobrenatural e irreal, era una de mis máximas aspiraciones y el mayor de los alicientes para que una serie me enganchara hasta este punto en el que estoy por ver y disfrutar de los episodios de la segunda temporada que muy pronto se estrena.

Lo que más me ha maravillado, a parte de la ambientación, la música, los momentos sin reposo ni tregua de enfrentamientos contra las fuerzas del mal: monstruos varios como vampiros albinos que sobreviven en el subsuelo de Londres, terribles maldiciones de ancestrales dioses, pretendidamente egipcios, extraños jeroglíficos hallados en inimaginables lugares, posesiones, exorcismos, asesinatos espeluznantes a la luz de la luna llena, ambientes morbosos y malsanos, laboratorios ensangrentados, salas de autopsias tétricas, terribles y desoladores manicomios victorianos, cielos plomizos, lluvia y niebla, la maldita niebla de Londres, es la historia puramente humana de todos y cada uno de sus personajes.
Y precisamente, el personaje que más me ha impresionado, sobre todo por la interpretación que de él se hace, es la criatura de Frankenstein, que en la serie recibe el nombre de Calibán, el monstruoso servidor de Próspero en la obra La Tempestad de Shakespeare.
El actor que interpreta a Calibán con tanto sentimiento, es el londinense Rory Kinnear, del que confieso, me he enamorado fulminantemente.  Su look, me resulta tan sombríamente fascinante, tan sobrecogedoramente morboso que supera la atracción que siempre he sentido por los personajes clásicos de la literatura romántica y gótica del siglo XIX.
El pobre Calibán se sube las solapas de su gabardina para ocultar las terribles cicatrices que cubren el lado derecho de su rostro. Un rostro que odia, así como odia su desventura:

― Me hiciste fuerte y resistente, ¡ojala me hubieras hecho atractivo!

Le dice a su creador al poco de aparecer en escena.

Penny Dreadful posee agilidad y elegancia en los diálogos.

Está muy bien servida de “razas de la noche”, ya que la serie no escatima en presentarnos vampiros, hombres lobo, criaturas acechantes en las sombras y un elenco de personajes con sus secretos a cuestas: el atractivo aventurero y explorador sir Malcolm Murray. La enigmática e inalcanzable flor de invernadero victoriano que es miss Vanessa Ives. El mundano dandy dispuesto a trajinarse a quien haga falta que es el seductor Dorian Gray. El pistolero de gatillo tan rápido como de corazón apasionado que es Ethan Chandler. El turbador y lacónico sirviente de sir Malcolm que es Sembene. La prostituta enferma de tuberculosis, una enfermedad muy victoriana por cierto, que es Brona Croft”. Y el joven doctor Frankenstein, un genio de la cirugía que no se muestra muy comprensivo que digamos con su primera creación, pero sí con la segunda.
Los actores están muy cómodos en sus papeles, a parte del grandísimo Rory Kinnear, Eva Green, que está un poco pasada de vueltas para mi gusto, pero hace un trabajo impresionante, el fantástico Timothy Dalton , tan elegante y de felina mirada, el guapito Reeve Carney, un poco insulso o sin la suficiente enjundia que requeriría el personaje de Oscar Wilde, Daniel Sapani, con su cara cubierta de extraños dibujos rituales, Billie Piper, la prostituta sensata, destinada a pasar de unas manos a otras, y Harry Tradeway como Frankenstein, obsesionado por la corta distancia que separa la vida de la muerte como el aleteo de un murciélago.
Para finalizar, quería destacar tanto las fuentes clásicas de las que bebe Penny Dreadful: Frankenstein, de Mary W. Shelley, Drácula, de Bram Stoker y El retrato de Dorian Gray, de Oscar Wilde, aunque pueda haber otras, y la intervención en el guión de John Logan, el creador de Gladiator, del director Sam Mendes y de J A Bayona, también director, que firma los dos primeros capítulos. ¡Ah! y la inquietante, morbosa, triste y elegante música del compositor Abel Korseniowski.

Deseandito estoy de ver la segunda temporada.

No sé si voy a poder superar la espera.

¡Ah!, Penny Dreadful siempre en versión original, por favor

Paloma Muñoz


jueves, 5 de marzo de 2015

Cinco dietas para domar esos kilillos







Queridas, queridos, aunque no os lo creáis un día llegará el buen tiempo. Esa estación tan proclive al cerveceo terracero y al lucimiento de cuerpos. Estación preferida de l@s que se  matan en los gimnasios y de l@s que pasan hambre, o de esa gente tan odiosa que no hace nada por cuidarse y lucen siempre de maravilla. A esa gente las odio con profundo resentemiento, pero sin maldad alguna. Que el odio  malicioso enturbia la sangre y hacen que te aparezcan granos en el rostro, y eso ya es lo último!!.
Pues bien, como todos queremos ser el centro de atención de nuestro entorno y matar de envidia a la gente del trabajo e incluso a vecinos y si me apuráis también a familiares, os doy cinco ideas llenas de glamour, como no podía ser menos, para perder esos kilillos tan poco favorecedores.

1. La dieta de ir de compras 
Consiste básicamente en quedar con tus amigas una tarde, si tan solo quieres perder un par de kilos y tonificar, o un día entero, si se trata de un asunto de más peso. No hay nada mejor que pasear de tienda en tienda y probarse algún que otro trapito mientras despellejamos a la arpía de turno, para conseguir ese cuerpo que nos hará sentir la reina del barrio. Además las dietas, si son en compañía, mucho mejor.



2. La dieta del baile
Como su propio nombre indica, se trata de mover el cuerpo al ritmo de música cañera, y no parar hasta que las gotas de sudor nos recorran el cuerpo entero, y los calambres no nos dejen ni respirar. Esta dieta la puedes hacer en casa y reforzarla en algún pub de moda, y desde luego  mejor hacerla en compañía, y no  me refiero a la del perro.

3. La dieta de la carrera
Esta solamente para aquellas personas que realmente lo necesiten. Aquellas que de lo contrario ser verían abocadas al uso de túnicas hasta los pies durante todo el estío.
Se trata de poner el reloj media hora más tarde de lo que habitualmente nos suena. Con  ello nos obligaremos a tener que hacer todo a la carrera, incluido el correr para pillar el tren, metro o bus. Dieta muy efectiva, pero sumamente cansada. No practicar durante mucho tiempo.


4. La dieta del disgusto
Nada más efectivo que un gran disgusto para perder esos indeseables kilos. Una llamada de tu amor para cancelar esa cena romántica que tanto tiempo te ha llevado preparar, o enterarte que han ascendido a tu enemigo, dándole el puesto por el que te has dejado la vida en el curro.
Pero lo más efectivo, sin duda, es que te abandonen de un día para otro sin darte ninguna explicación. Hoy eres feliz con tu cariñín y mañana cariñín se ha largao. Esta dieta practicarla solamente en casos muy puntuales. No es cuestión de hacer que nuestro novio, querido, marido, amante nos dé el portazo por lucir estupendas en la boda de nuestra prima.

5. La dieta de la reconciliación
Si, esta es la mejor, sin duda, y la más completa. Hay algo donde más ejercicio se practique y se quemen más calorías que en una ardorosa reconciliación?. No, no la hay, no os dejéis engañar. Aquí los estiramientos, calentamientos y sudores llegan a su máximo esplendor.
Yo, que este año me he descuidado y tengo algún michelín mal puesto, voy a empezar a tocar las narices a mi nenito, para ver si  me abandona y después totalmente arrepentido vuelve y me pide perdón. Y yo, claro, que soy una mujer de gran corazón, le perdonaré...en la cama, en el sofá, en el suelo..